“Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis…”. San Mateo 24,6

Esta frase de Jesús con muchos cientos de años a cuesta, no es sino el relato o descripción clara de lo que ha sido siempre la historia de la humanidad. Grandes luces y grandes sombras.

Hoy nos afecta y toca el corazón un asunto tan actual como la invasión a Ucrania, porque siempre son y serán los mismos los que pierdan. “Los vulnerables”, ese tema siempre actual y representativo sea cual sea el grado de desarrollo de un país, se repite en todas las sociedades. Se repite y se perpetúa en su vulnerabilidad. Las guerras son lastres que nos han acompañado siempre, han exterminado poblaciones, aldeas, etnias, han incapacitado el corazón de los perpetradores para el bien y la paz. Hoy nos conmueve Ucrania, pero antes en Afganistán, Irak, el Congo… en tantos y tantos países durante el fatídico s. XX y aún en el s. XXI, vemos como los “vulnerables” riegan con sangre y llanto el ocaso de sus vidas y los “no vulnerables”, aquellos que se esconden en sus búnkeres para con un dedo decidir el destino de los pueblos, son cada vez más poderosos y engreídos.

Queremos llamar la atención hoy sobre algo muy concreto ¿Qué repercusiones reales tienen las contiendas bélicas sobre la infancia de un país?

Las hostilidades actuales en Ucrania, violan el derecho internacional: el derecho a una vida sin violencia, a la salud y la educación de 7.5 millones de niñas, niños y adolescentes y sus familias en Ucrania.

“Millones de niños se ven envueltos en conflictos de los que no son simplemente testigos sino, el objetivo. Algunos caen víctimas de un ataque indiscriminado contra civiles; otros mueren como parte de un genocidio calculado. Otros niños sufren los efectos de la violencia sexual o las múltiples privaciones propias de los conflictos armados, que los exponen al hambre o a las enfermedades. Igualmente, chocante resulta el hecho de que miles de jóvenes son explotados cínicamente como combatientes”. Asamblea General, Naciones Unidas. Tema 108 del programa provisional* PROMOCIÓN Y PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS DEL NIÑO. Repercusiones de los conflictos armados sobre los niños.

Los conflictos armados se producen en un gran porcentaje dentro de Estados, entre facciones divididas por fronteras étnicas, religiosas o culturales. A su paso destruyen todo lo que encuentran, sembrados, lugares de culto y escuelas. Por lo general, no se respeta nada de lo que consideramos sagrado: niños, familias, comunidades. En los último 35 años se calcula que más de 2,5 millones han muerto en conflictos armados. Así que la primera de las repercusiones directas sobre la infancia es evidente.

“Estas estadísticas son de por sí espantosas, pero mucho más terrible es la conclusión que se deriva de ellas: que cada vez es mayor la parte del mundo que está siendo arrastrada hacia un vacío moral, desolador. Se trata de un espacio en que están ausentes los valores humanos más básicos. Un espacio en el cual se asesina, viola o deja tullidos a niños; un espacio en que se explota a los niños como soldados, un espacio en que los niños mueren de inanición o están expuestos a brutalidades extremas. Ese terror y violencia descontrolados nos testimonian de una victimización deliberada. No es ya posible que los seres humanos caigan más bajo”. Asamblea General, Naciones Unidas. Tema 108 del programa provisional: PROMOCIÓN Y PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS DEL NIÑO. Repercusiones de los conflictos armados sobre los niños.

Si en los siglos precedentes eran nefastos los horizontes que dejaban las guerras, las características y los esquemas de los conflictos armados actuales han multiplicado y recrudecido pavorosamente los riesgos, incluso hasta de un invierno nuclear.

Los restos heredados del colonialismo y las persistentes crisis sociales/políticas han favorecido la desfragmentación del orden público. Sin orden interno, los países envueltos en conflictos se encuentran actualmente sometidos al impacto fatídico de la economía mundial. Esta a su vez contribuye a dejarlos más apartados y fuera de juego. O sea, más marginados.

Las ventajas obtenidas del reparto desigual de las riquezas, deja a millones de seres humanos luchando por sobrevivir. “El colapso de gobiernos funcionales en muchos países arrasados por las luchas intestinas y la erosión de las estructuras de los servicios esenciales ha fomentado la desigualdad, los enfrentamientos y las dificultades. El poder y liderazgo personales y la manipulación de las diferencias étnicas y religiosas al servicio de intereses personales o de pequeños grupos ha tenido efectos igualmente debilitantes para los países en conflicto”. Asamblea Genera, Naciones Unidas. Tema 108 del programa provisional: PROMOCIÓN Y PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS DEL NIÑO. Repercusiones de los conflictos armados sobre los niños.

Los ataques sin parangón a comunidades rurales y a la población en los conflictos armados, dejan millones de desplazados, algunos le llaman desarraigados o desraizados y llevan razón porque tendrán que comenzar una nueva vida aún con menos recursos y con el fantasma de la estigmatización por el simple hecho de haber buscado un santuario fuera de sus fronteras donde sentirse seguros. De estos millones de desarraigados se estima que un 80% sean niños y mujeres.

En los estudios recientes llaman la atención especialmente hacia dos grupos de niños que enfrentan de forma drástica las consecuencias de las guerras.

1)            Los niños soldados:  En un principio desempeñaban tareas de apoyo en los frentes (mensajería, espionaje, cocina), con el tiempo y por la poca resistencia a las órdenes se incorporan más niños a las líneas de batalla con sus horribles consecuencias.

2)            Niños desplazados en las olas migratorias: Huir del propio hogar es experimentar un profundo sentido de pérdida y la decisión no se toma fácilmente. No es una resolución fortuita e innecesaria. En algunos casos, o mejor en la mayoría de ellos, los que la adoptan lo hacen porque están en peligro de morir, de ser torturados, de ser reclutados por la fuerza, de ser violados, secuestrados o morir de hambre, entre otros motivos.

Para terminar, nos detendremos en estos últimos. Nos detendremos en ellos, porque los países europeos, sobre todo aquellos que lo tienen más difícil para gestionar las olas migratorias, dan respuestas tardías, cortas o poco efectivas a dichas olas. Atrás quedan los bienes y propiedades que tenían, sus parientes, sus amigos, su entorno familiar y sus redes sociales de apoyo vital/social. En un primer momento la decisión de migrar la toman los adultos, pero incluso los niños pequeños reconocen lo que está sucediendo a su alrededor y pueden percibir la incertidumbre y el temor de sus progenitores. “Mientras huyen de los peligros del conflicto, las familias y los niños siguen estando expuestos a múltiples peligros físicos. Se ven amenazados por ataques repentinos, bombardeos, francotiradores y minas terrestres y a menudo deben caminar muchos días con cantidades limitadas de agua y alimentos. En esas circunstancias, los niños que están gravemente desnutridos son susceptibles de contraer enfermedades y son los primeros en morir. Las niñas que huyen son aún más vulnerables que lo habitual a abusos sexuales. Los niños que se ven obligados a huir por su cuenta para asegurar su propia supervivencia también se encuentran en situaciones de riesgo considerable. Muchos abandonan los hogares para evitar el reclutamiento forzado, aunque después descubren que a pesar de haber huido todavía están en peligro de que los recluten, especialmente si no tienen documentos y no viajan con su familia”. Asamblea General, Naciones Unidas. Tema 108 del programa provisional: PROMOCIÓN Y PROTECCIÓN DE LOS DERECHOS DEL NIÑO. Repercusiones de los conflictos armados sobre los niños.

De todos los eslabones de una sociedad, es la niñez la que más sufre. En los pequeños perdurarán por años, quizás hasta el final de sus días, la herencia de los “no vulnerables”. ¿Cuándo aprenderemos? No nos queda claro que alguna vez, o por algún motivo aprendamos a construir un futuro de paz para todos. Al menos no a escala mundial, pero seguiremos construyendo nuestro pedacito de mundo con esperanza de que seamos muchos los que, pedacito a pedacito reconstruyan desde las cenizas que han dejado las guerras, nuestro bello planeta.